Este era un Coffe 1

Ya van a ser como tres meses que estaré en Guanajuato y así. También justo me acaban de dar el título de ingeniero, aunque no cumplió con mis expectativas el evento, pensé que sería más al estilo de la corte inglesa como cuando la reina nombra a un nuevo caballero u.u. Al menos el título en cuestión no está impreso sobre piel, pues tenía entendido que así era. Y pues ya, tengo una pluma que me identifica como profesionista.

Tengo mucho qué hacer, y de pronto me descubro ahí sentado, nomás pensando.

taxi

Yo soy de esos que no tienen historias de taxi qué contar.

Hoy saliendo de la central, me dispuse a buscar un taxi, pues ya era demasiado tarde como para alcanzar la oruga. Quizá si el camión de regreso a León no hubiera tardado como 20 minutos esperando a que se llenara, no tendría qué tomar uno.

Saliendo, y como por instinto, me alejo del sitio de los taxis de la central. Es de conocimiento popular que siempre son más caros. Y pues ya, voy caminando hasta cruzarme con el otro gremio de taxistas.

Después de discutir con uno el precio para llevarme a mi casa -le pregunté por el precio a un hospital, que está como a tres cuadras de mi casa, y luego cambie de parecer y le di por referencia otro, que está una cuadra más cerca; y él se puso a alegarme que eran diferentes lugares, y exigía saber a dónde quería ir para no fallar en su precisa cotización del flete-, lo abordé ya sin mucho entusiasmo. Saliendo recién al eje, el taxista murmuró ‘ahí están los cuarenta y uno’. Al principio pensé que se refería al precio ese que tanto me alegaba, pero luego volteé a la acera de la derecha y vi a unos tipos/as esperando en una esquina a que alguien de les acercara. No supe qué decir más que un ‘ja’. Supongo que con un comentario más adecuado esta sería una mejor historia qué contar.

Llegando ya por el primer hospital que di por referencia al taxista, le dije que doblara a la derecha; y él se quedó como atónito y me replicó que ese no era el hospital al que le había dicho quería ir. Le expliqué que iba unas cuadras más adelante, y él repitió con tono de enfado ‘unas cuadras más adelante’. Luego le dije que diera vuelta a izquierda, y volvió a repertirme, ‘en la esquina vuelta a la izquierda’. Llegando a la otra esquina, se paró y me preguntó que si continuaba derecho. Le dije que sí. Esta vez no lo escuché arremedarme. Yya. 15 metros más adelante se paró el taxi y me bajé. El taxista se fue y yo me quedé sin una buena historia para contar.

El tercer molar 3

Cuando niño, a veces iba con la dentista por eso de asustarme para que me lavara los dientes y como a las revisiones de rutina, creo. Mi dentista de cabecera tenía un estante lleno de juguetes desos que salen en el kínder sorpresa.

Quiero creer que eso tenía una explicación: o los chocolates esos realmente tienen calcio y ayudan a mantener una dentadura sana y fuerte, o los Kínder Sorpresa eran patrocinadores oficiales de mi dentista de cabecera, o no sé, era simplemente una sutil burla para todos los niños que ahí saliamos temerosos de comer alguna golosina. No recuerdo si la última vez que fui con esa dentista fue en secundaria o preparatoria.