Me agobian los planes.
En realidad, me agobian los planes a mediano y largo plazo.
Y para ser preciso, sólo cierto tipo de planes. Esos que para que se cumplan, involucran demasiados factores externos. A veces siento que me sobrepasan, y que si me preocupo demasiado por ellos, simplemente terminarán absorviéndome.
Desde la secundaria, cuando uno se va haciendo responsable a regañadientes, uno aprende que los planes son buenos. Y necesarios, y así.
Pero por alguna u otra razón los planes me aturden. A veces, creo, las cosas se dan por sí solas, mientras uno se deja llevar por el cause natural de la situación.
El cambio de secundaria a preparatoria fue straightforward. Aunque alguna vez me cuestioné en qué preparatoria debería estudiar, no creí que importara mucho.
Luego, escoger un ‘área del trabajo’. Quizá siempre me preguntaré qué habría sido de mí si ahora fuera economista, historiador o sociólogo. Pero pues ya, me fui por el lado de las ciencias exactas y no es algo que lamente.
Después, tuve que escoger qué estudiar de licenciatura. Al ya haberme declinado antes por un área, las opciones que creía viables eran muchas menos, y si acaso cambiaba dónde estudiarla. Estaba entonces entre estudiar algo relacionado con computación o matemáticas. Bueno, eso o estudiar Lic. en Cultura y Arte. Y pues ya, estresarme. Y tratar de valorar las opciones y así. Saber de qué viviría el resto de mi vida. A qué dedicaría mis días y mis noches, en qué trataría de trascender y todas esas cosillas. Al final terminé escogiendo una, y deshechando todas las demás.
A partir de ese entonces, llegué a pensar varias veces que quizá no habría escogido la carrera correcta; y que ahora bien podría ser un Premio Nacional Agustín Yáñez o un delegado OMM por el estado de haber escogido otra licenciatura.
Y de un momento a otro, la carrera iba a terminar y ahora tendría que decidir una vez más qué hacer. Trabajar, dedicar mi vida a la meditación o irme a los montes y vivir de la tierra.
Unos meses -por no decir años- antes, ya había estado en mi cabeza la opción de seguir estudiando. Entonces lo que procedía era aplicar para las inscripciones. Y prepararme para ello. Quizá fue la decisión más planeada que he tomado. Aunque ello no significara que todo tendría que pasar como lo pensaba. Y lo sabía. Tenía ya un plan de contingencia, y algunos cuántos diálogos prefabricados para cuando la gente me preguntara qué haría después de no haber sido aceptado en el proceso ese.
Leí lo que se suponía tenía que saber, y repasé aquello que debía tener fresco. Luego del examen y todo eso, supuse que tendría que empezar a llevar a cabo mi plan B. Conseguiría trabajo, me casaría, tendría hijos y sería feliz. Algo así, o en un orden parecido.
Por alguna extraña razón, no tuve que empezar con el plan de contingencia y fue así como empecé a estudiar otra vez. Todo era tan maravilloso.
El primer semestre fue pesado y cansado. Muchas cosas de las que hacía no salían como yo quisiera, y todo terminaba siendo menos de lo esperado. Luego pensé si irme al extranjero y cambiarme de nombre. Hacer una nueva vida y eso que todos hacen. O al menos por un par de meses.
Después de meditarlo, y hablar con la Reunión y exponerle mis inquietudes, escuché lo que ellos creían más conveniente. Fue así como decidí no claudicar e intentar un semestre más de estudios.
El segundo semestre dijeron que sería más fácil; pues ya estaría acostumbrado al ritmo. La carga fue mayor, y tras varios desvelos y muchos dolores de estómago; logré sobrevivir. Ahora un poco más erguido que la primera vez.
Luego el verano, y escoger otra vez qué rumbo tomarían mis estudios. Esto quizá fue más fácil, por el gusto y el reto personal que implicaron ciertos temas y áreas. Terminé escogiendo mi segunda opción, y descubriendo cosas nuevas e interesantes. Fue algo así como mi primer segundo aire.
A lo largo del tercer semestre, fui encontrado más el sabor a las cosas, y terminando de entender algunos conceptos que meses atrás no me habían quedado tan claros. Es algo así como iluminar la vereda por la cual caminaba.
Recién empiezo mi último semestre de estudios, y me he planteado unas cuantas metas más a corto plazo. Espero poco a poco irlas cumpliendo, y encontrar satisfacción en ello.
Después no sé qué haré, o dónde trabajaré, o si seguiré estudiando inmediatamente. La gente siempre pregunta qué es lo que haré. Supongo que tratan de ayudarme a pensar qué es lo que más me conviene, y cuál es el rumbo que debe tomar mi vida profesional y todo eso. Sí.
Pero pues no es como que tenga planeado en 7 meses trabajar para una empresa transnacional, y después de 2 años conseguir un auto. Luego, formalizar la relación que llevo desde hace más de 15 meses y preparar mi boda, para luego pensar en el nombre de las 3 niñas y el hijo único que tendré. Planear en qué preescolar inscribirlos, e ir abriendo sus cuentas de ahorro en el banco.
Simplemente quiero detenerme un poco antes de explorar todo esto.
Días como hoy me hacen sentir realizado, y me hacen pensar que mal que bien voy aprovechadno algo de todas las decisiones que he tomado. Es algo así como un segundo segundo aire. Y se siente bien.
Así que no, no pregunten qué es lo que haré. Por que ni yo mismo lo sé, y vivo con ello.

“Life is what happens to you while you’re busy making other plans” J.Lennon.
Atte: Juan Ramón.
U_U Tal vez simplemente todos lo preguntan porque es de esas cosas fáciles de preguntar y muy seguramente fáciles de contestar, ya sea porque no se contestan en serio o porque de verdad uno sabe qué contestar normalmente, haciendo de esa pregunta una poco o nada incómoda para nadie… a excepción de para ti y todos los que nunca van a crecer (yo incluída) xD.